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Dinero bajo el colchón



Si usted ha nacido en alguna de las nueve provincias de Castilla y León, se habrá hartado de escuchar durante su vida lo sosos, secos, ásperos y duros que somos quienes hemos venido al mundo en estos lares. Puede sonar a reproche o a broma pesada, a observación precipitada o a juicio reposado, pero todo castellano y leonés ha aguantado alguna vez esa coletilla incómoda que nos mete a todos, sea cual sea nuestro carácter, en el mismo saco.

No creo que el comentario tenga tintes maliciosos en absoluto; es más, hasta hace poco, pensé que era un tópico más, como el de que los andaluces no dan palo al agua o que los gallegos son unos tristes de cuidado. Pensé que se quedaba en mera anécdota, hasta que una conversación con un amigo me hizo reflexionar sobre el tema. Todo vino hablando de negocios, de cómo se encuentra el país, la economía, la Bolsa, y todas esas cuestiones que a mi se me escapan y de las que me encantaría aprender más. Pues bien, mi compañero de reflexión apuntó un argumento sorprendente en un momento de la conversación; vino a relacionar la falta de iniciativa empresarial y de movimiento económico en nuestra comunidad con ese famoso carácter castellano (y leonés) que nos impregna. Intrigada por tal afirmación, pedí que ahondara en esa teoría que hasta ahora era desconocida para mi.

“Castilla siempre ha sido el granero de España, la materia prima del país, y sin embargo nunca os habéis aprovechado de ello”. Bien, parece cierto, si lo pensamos, que lo que hasta hace muy poco se conocía como Castilla la Vieja era parte fundamental del engranaje de un país que se sostenía gracias a la agricultura y la ganadería, un sector primario que constituía la única salida para millones de personas y que ponía en marcha la maquinaria del Estado.

“No invertís, no arriesgáis con el dinero, preferís tenerlo parado, sin producir beneficio, por temor a perderlo, y así no se consigue progresar”. ¿Sería cierta esta última observación de mi amigo? Nunca me había parado a pensar si en Castilla y León se invierte o se arriesga menos que en otras comunidades, pero… cierto es que aquí no hay un Zara ni un Mercadona que demuestre lo contrario. Las grandes industrias están de paso en la comunidad, somos el estadio previo a la marcha a otros países más baratos, una huída que comenzará pronto. Renault en Valladolid y Palencia, Nissan en Ávila… son algunos ejemplos de grandes multinacionales que vinieron a esta tierra de fuera, y que no se quedarán eternamente (buen ejemplo de ello es la vergonzosa actuación de LM en Ponferrada, huyendo de la comunidad después de zamparse las subvenciones del gobierno autonómico).

Es más. Pensando acerca de esta fama de “inoperantes del euro”, recordé la gestación de esa fallida integración de las cajas de ahorro de la comunidad. No sé si tuvo que ver con el carácter castellano (y leonés), con la ingerencia de un gobierno que se precipitó a la hora de mover el sistema financiero de la comunidad, o de dirigentes que se preocupan más de su propio bolsillo que de hacer una operación beneficiosa para la autonomía (si es que las cajas de ahorro se tienen que ocupar de esos menesteres), pero la fusión de Caja España-Duero con Unicaja bien podría tomarse como paradigma del castellano y leonés, que debe abandonar la comunidad para que la cosa funcione.

Con un análisis tan precipitado, y con estos pocos datos, no se puede afirmar que en Castilla y León seamos excesivamente conservadores en el plano económico, pero al menos da qué pensar que desde fuera se tenga ese concepto de nosotros.

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