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Vaya calentón que me llevo. Esta tarde hemos descubierto que en la factura de teléfono de casa nos han encasquetado un pago por un pincho usb de internet movil. La cuestión es que hace unos meses llamaron al fijo para ofrecer gratis susodicho pincho y mi padre, que respondió a la llamada, interpretó que lo que le decían que era gratis, era gratis. Nada más lejos. Dió la casualidad de que el telefonista olvidó advertir un ligero detalle, que el envió sí era gratis, pero que por el servicio se paga, y mucho, aunque no lo utilices. Vaya memoria la mia que no recuerdo  leer la letra pequeña.  Cáspita. Así que el día en que llegó el paquetito de Movistar untado en vaselina caí en la cuenta de que le habían hecho la 3,14 y le habían tomado el poco pelo que le queda. Tocaba ponerse los guantes de boxeo, subir al cuadrilátero, llamar al 1004 y esperar que entre tanto mareo de telefonistas, departamentos, y tocacojones varios alguno se apiadase de servidor y dijese “que coño, eres CLIENTE de fijo, internet y movil, te mereces un poco de respeto así que te doy de baja en el engañabobos este”. Pero nones. Despues de 2 horas al teléfono y ya con la oreja plana, un operador dijo que se había dado de baja ese servicio, que devolviera el usb de marras en un polígono industrial de las afueras de mi ciudad. Parecía que todo arreglado. Pardillo de mi. Un año llevan cobrando 3 euros mensuales sin que me diera cuenta. Y este mes han subido a 12 eureles. Casi ná. Por algo en que supuestamente me di de baja. Por supuesto he intentado contactar con algún operador de Movistar para hacerle una reclamación, pero se ve que les he pillado de barbacoa en la sierra o algo asi porque en 10 minutos sólo se ha escuchado la cancioncilla del demonio que ponen para que esperes con cara de tonto.

Esto me ha hecho pensar en lo que la liberación de mercado ha supuesto para los sectores empresariales donde antes el estado tenía el monopolio. Tampoco es que yo sea muy mayor. A decir verdad no me acuerdo de cuando Telefónica era la única opción y si no te gustaba te quedabas sin llamar y santas pascuas. A pasar frió a una cabina, y si te querían avisar de algo ya llamarían al telefonillo de abajo que ese sí era gratis. Los primeros recuerdos sobre compañías telefónicas son un anuncio de Olé o algo así, que era una compañía francesa con anuncios en los que salían imágenes estilo pop; del “Hola, soy Edu, feliz Navidad…”; de Airtel; de Amena y el Chaval de la Peca… Sí que me acuerdo que tanto mis abuelos como mis padres se quejaban de lo caro que estaba el teléfono (fuese verdad o no); del Alcatel que tuvo mi abuela y luego pasó a mis manos que funcionaba con pilas en casos de emergencia; de lo poco que le gustaba a mi abuelo el contestador automático (de esos de cinta de cassete, míticos).

 

Bueno, que me enrollo. Antes, el servició telefónico que contratabas podía ser más caro ya que sólo había una compañía, la calidad del mismo podía ser regular, pero la empresa no aspiraba a crear beneficio por encima de todo. Si querías tu servicio básico lo pagabas y punto. Si no lo querías no había otra alternativa que apañarse unas monedas, ir a la cabina más cercana, esperar si habia cola, echar las monedas por la ranura y al lio. Nadie te esperaba en la cabina para soltarte un sermón sobre si querías escuchar música mientras sonaba el tono de espera, tampoco te llamaban a la hora de la siesta para confundirte y decirte que te daban duros a cuatro pesetas, ni si querías llamar a tus números frecuentes por menos dinero. Método básico: no tenemos competencia asi que esto es lo que hay, apañate si puedes. Sinceridad cara, pero sinceridad. Si quieres teléfono me pagas esto. Si no allá tu.

Con la liberalización de mercado, parecía que todo iban a ser ventajas: si hay más competencia y la misma demanda el precio de las cuotas bajará y todos (luego continuo)

Así es, como lo has leído en el título, el sitio TusRolas promete darte regalos e inclusive pagarte

Muchas veces pensamos que cuanto más dinero ganemos, más ricos nos volveremos.
Pero esto no necesariamente es así…

Cuando recibís la buena noticia de que cobrarás unos pesos más, ¿Qué haces con ese dinero?
Si se te ocurrieron varias cosas que desde hace un tiempo querés comprarte, significa que no te estarás volviendo más rico con tu aumento.

Lo más común a medida que van aumentando nuestros ingresos, es que nuestros gastos se incrementen en la misma medida.
Cada vez nos acostumbramos a un nivel de consumo más alto, y así necesitaremos más dinero para poder mantener ese estilo de vida.

Al final de cuentas, cuando vamos a ver cuánto dinero nos quedó para nosotros… no tenemos nada!

Por esto es que la riqueza no depende de tus ingresos… sino de tus gastos.

Si lográs mantener tus gastos bajo control a medida que aumentan tus ingresos, podrás ver cómo aumenta tu reserva para el futuro.
Entonces, la riqueza no es cuánto dinero ganás, sino cuánto tiempo podrías vivir sin trabajar manteniendo tu estilo de vida.

En base a este punto de vista, la riqueza no se mide en dinero, sino en tiempo.

 

 

¿Ya hiciste la cuenta? No te preocupes si ahora tu riqueza no son más que unos pocos días… poco a poco iremos trabajando para que sea el resto de tu vida.

 

Tesoros y palabras

feb-5-2012 By admin

La gente suele acumular cosas que considera valiosas. Hay quienes lo hacen por afecto, hay quienes por necesidad de ahorrar; otros lo hacen por la avaricia del que se regodea en saberse poseedor de un tesoro. En efecto así llamamos a ese rejunte de bienes que algunos ocultan por temor a perderlos en manos de otra gente que también los considere valiosos, y que otros poseen especialmente para “mandarse la parte” exhibiéndolos. En resumen, los tesoros son acumulaciones de bienes inmovilizados en un solo sitio, escondido o no.

Desde siempre hemos hecho una mezcolanza entre lo valioso y lo sagrado. Los griegos llamaban tesoro (en realidad thesaurós, en su lengua griega) al lugar donde guardaban las ofrendas que los fieles presentaban en los santuarios. Por su parte la República de Roma concibió el tesoro público; sus bienes pertenecían a todos, pero se guardaban en el templo de Saturno y los administraban los gobernantes, que con frecuencia eran los que los disfrutaban más. Con el tiempo, los romanos, al tesoro público lo llamaron erario (en realidad aerarium, en su lengua latina). Originalmente un aerarium era un cofre de bronce, apto, precisamente, para atesorar bienes. Se llamaban así porque en latín aera eran los metales como el cobre, el bronce e incluso el latón. Así como en castellano, pese a que hoy utilizamos billetes de papel, a veces se habla de pagar en metálico para decir con dinero en efectivo, o de tentarse por el vil metal, para decir por el dinero, en latín, aes, singular de aera, se convirtió en sinónimo de dinero. Por cierto, los romanos también llamaban aeramen (algo así como metalería) a casi cualquier metal convertido en filamento. El pueblo de la Castilla del siglo XIII también, pero como ya habían olvidado el latín decían aramne. Nosotros, que ya hemos olvidado el castellano medieval, le decimos alambre, y no solemos relacionarlo con el erario público, ni considerarlo un tesoro, por supuesto.

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