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Finanzas, inversiones, prestamos, hipotecas y bancos.

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Un país de analfabetos financieros | Economía | EL PAÍS.

El catedrático de economía Jesús Huerta de Soto de la Universidad Rey Juan Carlos, explica la crisis financiera y económica en una entrevista concedida a la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

La Crisis.

Se supone que tras la caída de la Unión Soviética, los Estados “desaparecieron”. Cayó el último bloque que hacía frente a la desregulación y al capitalismo, por lo que se produjo una supuesta supresión del control estatal sobre las actividades económicas y los mercados. El mercado lo ocupa todo.

Las finanzas ( encabezados por la compraventa de activos financieros y por la captación y prestamo de recursos) se convierten en la actividad económica predominante, lo que hace que la gente sin escrúpulos (más conocidos como especuladores – los bancos) generen cuantiosas deudas en inversiones especulativas que una vez colapsan (con la llegada de la crisis en torno al 2007) hace que se hunda toda la economía. Entonces o esquivarían su responsabilidad, o serían apoyados por el Estado en lo que se llamaría “rescate de la entidad”. Y no sólo eso, sino que además tiene que rescatar la economía hundida por los especuladores, sin la ayuda de estos que no quieren refinanciarles. Eso supone un esfuerzo brutal, que acabará afectando a la población, que finalmente tendrá que ser la que acabe pagando la crisis.

Esa es la explicación que todo el mundo le está dando a la crisis, medios de comunicación, políticos… etc

Pero si analizamos punto por punto, igual llegamos a una conclusión no tan lógica.

Primero, las empresas tienen que hacer una gestión de sus recursos para tener lo que se conoce como un “fondo de maniobra positivo”. Esto significa que sus activos de cobro sean mayores que sus deudas a corto plazo para tener siempre un colchón de liquidez. Todas las empresas, menos las de un sector determinado: La Banca.  En ese sector los pasivos (la deuda) es muchísimo mayor siempre, que los activos ( derechos de cobro), pero no sólo una de ellas. Todas.

¿Por qué sólo ese sector? No es por la desregulación, puesto que es uno de los sectores con más normativa y más vigilados. Es por los privilegios: Las Bancas centrales son prestamistas últimos. Por mal que lo haga una banca, y por mucha liquidez que dinamite, siempre va a tener la posibilidad del rescate de la Banca Central (el único, recordemos, con posibilidad de emitir dinero “real”) . Esto hace que jugarse el dinero y tomar riesgos para conseguir grandes beneficios sea mucho más atractivo, puesto que aunque salga mal, siempre voy a tener al BC ahí para rescatarme. Y a intereses irrisorios cercanos al 0,2%. Sabiendo además que, ya que el Banco Central es el que “crea” dinero, no tiene que pagar sus deudas, pues no existen; tiene un margen de endeudamiento infinito.

Además juntemos a esto el tema de que es un monopolio (quedaros con esta palabra) público con deudas a corto plazo. Esto conlleva no sólo que no exista la posibilidad de generar competencia (por lo que no habrá variaciones ni al alza ni a la baja de los precios) sino que además, al ser deudas a muy corto tiempo (interes muy bajo) y prestandolo a su vez a la gente a un plazo muy largo (interes muy alto) generan una descordinación en la economía que es insostenible. Las hipotecas, con interés a largo plazo, debido a esta descordinación tendrían intereses mucho más bajos (no habría que hacer frente a la deuda “ya saldada” a corto plazo con el primer prestamista) y hace que aumente la demanda de estos prestamos con tan bajo interés, produciéndose una sobredemanda. Y el consecuente aumento de los precios.
Pero no sólo se beneficia de esto la banca. El Estado también. Por dar estos privilegios, exige prestamos a largo plazo a intereses bajísimos (hablamos de 2-5% de interes a más de 10 años en un momento como el actual, al borde de la suspensión de pagos, que debería de ser en torno al 10-15%).

Otra de las ramas dicen, como aseguraba Keynes, que los empresarios, inversores y consumidores se deprimían de forma repentina, sin causa aparente, y dejaban de invertir y consumir. Esto, ha tornado en la idea del “exceso de ahorro”, sobretodo por parte de los alemanes y de los chinos. Las inversiones bajan hasta tal punto que, después, la re-inversión es tan grande, se sobreinvirtió tanto, que genera una recesión basada en el aletargamiento de la economía.

En parte es cierta, pues se invirtió mucho dinero. Pero se invirtió mal. Se invirtió todo en determinados sectores, olvidándose de muchos otros. No sólo eso, China y Alemania dieron un paso muy importante también en inversiones y en la capitalización de sus respectivos paises, la inversión no fue sólo “occidental”. Y muchas de esas inversiones fueron en occidente, a largo plazo. No existe, por tanto, un ahorro verdadero, todos están gastando e invirtiendo. Y es así hasta tal punto, que en el año 2008 el precio de la materia prima era enorme debido, de nuevo, a una sobredemanda.

El motivo por el que Keynes logró la popularidad fue una supuesta fórmula magistral para salir de la crisis. Generando y aumentando el gasto público, bajas los tipos de intereses, por lo que repercutiría en una mayor riqueza de la sociedad y una dinamitación de la recesión. Nada más lejos de la realidad, ya que es imposible que se haga eso cuando no existe dinero que pueda soportarlo. Es decir, se crea una falacia para engañar a los tipos de interés, lo cual solucionará los problemas a corto plazo, pero los aumentará en grandísima medida, a largo plazo, ya que, aunque tuviese la misma posibilidad que el Banco Central de generar dinero con un margen de endeudamiento infinito; la inflacción sería tal que acabaría hundiendo de nuevo la economía.

Por: Hernán Felipe Trujillo Quintero[1].

La economía mundial mantiene su atención puesta en dos fenómenos que afectan el bienestar de la humanidad: la crisis de deuda pública de los países europeosmy el cambio climático.

Luego de la reunión del G-20 en Ciudad de México, el pasado mes de febrero, y las alertas del Fondo Monetario Internacional (FMI)[2] y el Banco Mundial (BM)[3] sobre las perspectivas económicas de la economía global, es posible advertir que el final de la desaceleración económica de los países de la OCDE, especialmente los que pertenecen a la Comunidad Económica Europea (CEE), está lejos de desaparecer.

Los temores por la diminución de la inversión, el deterioro de la deuda pública como porcentaje del PIB, y el aumento del desempleo estructural son señales poco alentadoras para la recuperación de la confianza de las familias y los inversionistas en el mercado internacional.

El problema de la desaceleración económica en los países europeos, que afecta al resto de países por las redes comerciales que sostiene la CEE en una economía abierta y globalizada, y los desalentadores informes del FMI y el BM, se encuentran en que no hay indicios de una recuperación de la inversión.

Se evidencia un fenómeno de crowdin out, en el que la inversión privada, manifestada en el ahorro privado, se encuentra paralizada por la pérdida de confianza ocasionada por el desafortunado manejo de la política fiscal que desincentiva las inversiones.

Las brechas entre los rendimientos negativos de los bonos de deuda-país de Europa y el riesgo que perciben los inversionistas privados en futuros proyectos, afectan la inversión pública, y a la postre, retardan la recuperación de la economía mundial.

Zenghelis[4], en su informe de política publicado en el mes de abril,  señala que se evidencia un fenómeno definido como la paradoja del ahorro, en el que la tasa de acumulación del sector privado, especialmente del sector financiero, se elevó debido a que disminuyeron los créditos por la incertidumbre en el manejo de la política fiscal.

De esta manera, las fuentes de financiación de nuevos proyectos se encuentra estancada por la falta de crédito –léase inversión- proveniente de la iniciativa privada.

El cambio climático, por su parte, ha dejado de ser una preocupación de académicos, ambientalistas y técnicos de gobierno. Su impacto ya lo siente la economía global. Para el BM, en lo que va corrido del 2012 el precio mundial de los alimentos se ha incrementado en un 8% por cuenta de él.

El impacto no sólo se siente en las economías emergentes y los países con bajos ingresos por el efecto renta que afecta el bienestar de sus habitantes, sino en el desabastecimiento de alimentos en los países que pertenecen al OCDE.

En los últimos 5 años, se acentuaron las temporadas de sequías y lluvias en los países del trópico –países del sur-, lo que desequilibró los servicios ambientales que suministraban los ecosistemas. La atención de desastres por cuenta del cambio climático representa, para los países latinoamericanos, cerca del 3% del PIB.

Aunque los principales emisores de GEI han sido los países desarrollados  -pertenecientes a la OCDE-, los impactos son recibidos por los países del sur –países emergentes y con bajos ingresos- quienes deben destinar presupuesto público en mitigar y adaptar los impactos del cambio climático, en una clara situación de inequidad mundial.

La economía verde intenta conciliar las problemáticas aquí advertidas. El mundo debe volcarse a una economía con baja emisión de carbono, así como debe procurar esfuerzos por incentivar la inversión privada para salir de la desaceleración en la que se encuentra.

Las fallas de mercado y las externalidades, que comúnmente son abordadas en los conflictos entre economía y ambiente, pueden ser superadas si los esfuerzos de la inversión privada mundial se concentran en proyectos que promuevan la eficiencia energética, baja utilización de carbono y menor utilización de recursos naturales, procurando un crecimiento económico basado en la innovación con altos incentivos de retornos en el corto plazo. Estos son procesos de crecimiento endógeno basados en innovación verde.

La inversión en infraestructura, por su parte, desde ser la apuesta de las economías que se encuentran en desaceleración debido a que es un sector nodo que incentiva la actividad económica.

La sinergia público-privada puede significar la recuperación de la confianza de los inversionistas si se concentran en la generación de infraestructura energética basada en fuentes renovables.

Los retornos de la inversión privada se encuentran garantizados por la buena perspectiva de demanda de electricidad mundial, la trayectoria de los precios en el mercado de futuros, y los incentivos que existen en el mercado internacional para invertir en sectores y tecnologías que promuevan la disminución de quema de combustibles fósiles.

La inversión pública en infraestructura energética de fuentes renovables, por su parte, garantiza la seguridad energética de cada país, reduce el desempleo por invertir en un sector que genera empleo en un horizonte de tiempo muy amplio –a diferencia de aquellos empleos que se generan con la extracción de recursos naturales no renovables- reafirma el compromiso de cada país en la reducción de emisión de GEI, y motiva la generación de impuestos para superar los problemas de deuda que actualmente mantienen la desconfianza de los inversionistas privados.

Autores como Zenghelis[5], Acemolgu[6] y Aldy[7] señalan que invertir en proyectos de generación de energía limpia, como una estrategia para superar la desconfianza que impera en el sector financiero europeo, puede sacar a la economía mundial de su actual desaceleración.

Enfocar el crecimiento económico en la generación de energías limpias es transitar hacia una economía verde, hacia un crecimiento sostenible.

Para economías emergentes como las Latinoamericanas, enfocar sus esfuerzos en la recepción de inversión extranjera directa en el sector energético de energías limpias puede reducir la dependencia que actualmente tienen en la extracción de recursos no renovables, puede garantizar un crecimiento económico sostenido en un horizonte de tiempo mucho más amplio, y pueden plantear políticas de mitigación y adaptación del cambio climático de una manera mucho más coherente.

La economía verde exige hacer tránsito de un crecimiento basado en la quema de combustibles fósiles, a un crecimiento basado en procesos intensivos en innovación verde y generación de energía limpia. Sólo así es posible plantear legislaciones coherentes con la mitigación y adaptación al cambio climático.


[1] Economista y abogado. Candidato a MSc. en desarrollo sostenible. Columnista, investigador y consultor. Twitter: @hpipetrujillo

[2] International Monetary Fund. 2012. Restoring Confidence Crucial to Rebuilding World Recovery,

IMF Survey Magazine, [online] 28 January. Disponible en: http://www.imf.org/external/pubs/ft/

survey/so/2012/NEW012812A.htm

[3] World Bank. 2012.  Global economics prospect. Uncertainties and vulnerabilities. Volume 4, [online] January. Disponible en: http://siteresources.worldbank.org/INTPROSPECTS/Resources/3349341322593305595/8287139-1326374900917/GEP_January_2012a_FullReport_FINAL.pdf

[4] Zenghelis, Dimitri. 2012. A strategy for restoring confidence and economic growth through Green investment and innovation. Grantham Research Institute on Climate Change and the Enviroment. [online] April. Disponible en: http://www.businessgreen.com/digital_assets/5209/Growth_through_green_investment.pdf

[5] Ibídem.

[6] Acemoglu, D., Aghion, P., Burszytyn, L., and Hemous, D., 2010. The environment and directed technological change. [pdf] GRASP Working Paper 21, mimeo Harvard. Available at: http://www.economics.harvard.edu/faculty/aghion/files/Environment%20and%20Directed.pdf

[7] Aldy, J., 2012. A preliminary review of the American recovery and clean energy package. Washington D.C. Resources for the Future.

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